Colección Lucia Contreras
children

Jugando con Teatros de Papel

Antes, mucho antes de que existiesen los divertimentos de nuestros días los niños se recreaban de maneras que ahora, lamentablemente, son casi impensables. Jugaban con la literatura, jugaban a la historia, jugaban a príncipes, brujas, sapos, hadas o espadachines. Jugaban a Ser. Unos recortaban decorados y personajes, los pegaban sobre cartón e inventaban la gran aventura de esa tarde. Otros coleccionaban las ediciones juveniles para teatritos; cuentos tradicionales e históricos para representar la vida y la literatura. Bastaban una tarde, una mesa, el teatro y la imaginación. Jugaban con Teatros de Papel, Papiertheater en Alemania, Dukketeater en Dinamarca, Toy Theatre en Inglaterra y aquí, Teatro de papel. Otros tiempos… Buenos tiempos para imaginar… Pasen y vean dos siglos de juego imaginativo e inteligente.


Coleccionando...

lucia&martin

Si algo puedo decir acerca del asunto del “coleccionismo” es que de ningún modo debería existir la posibilidad de conjugar el verbo: ¿coleccionaría?, ¿coleccioné?, ¿coleccionaré? Imposible. No caben pretéritos perfectos ni imperfectos, ni participios, ni condicionales, sólo presente, y para ser justos con nuestra rica lengua, gerundio, porque esto no tiene fin. El acto de coleccionar es un impulso en si mismo y yo colecciono Teatros de Papel.


La historia de mi colección comienza hace unos años cuando mi hermana Victoria accedió a que yo conservara un tesoro de nuestra familia que ella restauró con cariño y paciencia. Un juguete con el que tuvimos la suerte de vivir historias inventadas y escritas sabiendo que se trataba de algo muy especial, el Teatrito Seix Barral de nuestro padre, Damián, y de su hermana Marujeta (una mujer fuera de lo común). Un juguete con el que ellos vivieron una infancia bien distinta a la nuestra, la de la guerra civil. Supongo que, pese a estar en mis recuerdos de niña, el hecho de tenerlo en casa y admirarlo a diario fue haciendo crecer un interés que se convirtió en pasión: los Teatros de Papel, cajas de historias y fábulas, cajas de música y de luz, cajas de sueños y mundos se convirtieron para mí casi en una obsesión. Los busco y los encuentro. Me buscan y me encuentran. Supongo que hemos establecido algo parecido a una relación muy íntima. Yo los recupero y los cuido y ellos me hacen soñar con un mundo, el que sucede tras las bambalinas, al que estuve muy ligada hace un tiempo, y que sigo añorando… Y casi sin darme cuenta, un buen día ordenando armarios me encontré con que tenía una cantidad enorme de teatritos. Sólo ahora, al describirla, me doy cuenta de que intento justificar esta locura. Quede pues de nuevo dicho que nunca fue consciente ni intencionada.


Escribir sobre lo que sé acerca de los teatros de papel me produce cierto pudor porque mis conocimientos son fruto únicamente de la curiosidad. En cualquier caso, no es mi intención apabullar con datos aunque, dada la importancia de estos juguetes durante más de dos siglos, fechas y nombres se hacen necesarios. No soy un experto. Soy una niña grande, sólo colecciono y como dijo Oscar Wilde “Puedo resistirme a cualquier cosa excepto a la tentación”
Ojala entre todos pudiésemos recuperar para los niños (y esto es únicamente responsabilidad de los adultos) la costumbre, hoy casi denostada, del placer de la lectura y el juego con el texto, con las palabras; más allá de modas e imposiciones de la industria, ofrecerles la oportunidad de ser protagonistas activos del juego y no meros manipuladores de artilugios alienantes ideados con la sola finalidad de vender más o de propagar modas e ideas ingeniadas por el poder, es decir por el dinero.
Dormir un sueño profundo al pincharse con un huso, viajar en alfombras mágicas, besar a una rana y convertirla en un bello príncipe, que un lobo se trague de un bocado a tu abuela, reyes y mendigos, batallas históricas e injusticia social, viajes al centro de la tierra y máquinas imposibles, la literatura se alimenta de lo vivido y lo soñado y en el universo que nace entre las páginas de un libro es donde el Teatro de Papel adquiere todo el sentido que, para mi, lo convierte en el Juguete con mayúsculas.
Los teatros de papel fueron en un tiempo protagonistas de esa utopía: eran el libro con el que se juega, mezcla perfecta entre el recreo escolar y las lecciones, lo imaginado y lo impuesto. El escenario era un reflejo del mundo real por explorar, los decorados, el paisaje por el que moverse, las historias y los libretos, los conflictos de la vida y las palabras que aprender, las luces y la música añadidas, los únicos “efectos especiales” posibles, y finalmente los personajes, el cartoncito a través del cual un niño se transformaba en príncipe, bandido, bruja, criatura o bosque y ejercitaba posibles consciencias de un habitar en el mundo real
Me gusta imaginar que alguno de mis teatros perteneció a una familia de la Inglaterra victoriana o que alguno de los personajes que tengo fue coloreado o degollado por una niña vestida de terciopelo con un lazo enorme en la cabeza. En nuestro país, imagino a los niños viviendo la realidad de la pre-guerra, la guerra y la pos-guerra. Imagino su día a día en la calle opuesto al abrigo de un refugio fantástico con forma de teatro de papel. Imagino, entre otros, a mi padre.


Esa es la magia de los objetos que han tenido otros dueños. Ese es el verdadero valor de mis teatros, la historia que cada uno de ellos trae consigo y acumula. Espero que todos aquellos que decidan pasar un rato curioseando por esta Web encuentren, como hice yo, al niño que llevan dentro. Pasen y vean, disfruten de mi colección de teatros y vuelvan de vez en cuando (porque mucho me temo que no dejará de crecer…).
Y ahora, que el silencio se imponga: se levanta el telón…

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Valencia 2008, Lucía Contreras Flores.

Dibujos © Victoria Contreras Flores

All images and texts© 2008 LUCIA CONTRERAS FLORES.
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